Cuando la enfermedad llama a tu puerta
Puedo ver las ojas que caen del árbol. Es un cerezo, pétalos que lo inundan todo, despacio, tranquilamente hasta la tierra húmeda anegada de miles de otros pétalos. Cinco centímetros de descenso por segundo. Normalmente el árbol muere de viejo, o por alguna plaga inesperada. Enfermedades.
Hasta que mi corazón siga latiendo podré decir lo mismo. La plaga ya está en mí. Está en forma de disfunción. Una conexión que no sirve. A veces parece injusto que los que estén enfermos no puedan mirar las instrucciones y mirar el tiempo restante. Dos, uno, cuatro. Lo que sea. ¿Me dará tiempo a acabar este escrito? ¿Tendré tiempo de ver crecer a mis hijos? ¿Me dará tiempo a decir “Te quiero” una vez más?
He oido decir más de una vez “Si tu mujer o marido, novio o novia, llevara ocho años en coma y te dijesen que va a despertar de un momento a otro pero que tras cinco segundos morirá, obviamente no le dirías que han subido el precio de la barra de pan, sólo le dirías “Te quiero” y mirarías sus ojos cerrarse lentamente, y su tez palidecerse mientras expira silenciosamente.”
¿Qué pasará en el siguiente segundo inmediatamente después de que fenezca? Cuál será el pensamiento, me digo, que pase por la mente de mis seres queridos.
Cuando la enfermedad llama a tu puerta, o a la mía.
P.D.: Para cualquier duda sabeis donde encontrarme.